Metropolis Today

Parece mentira que en pleno siglo XXI, cuando ya no sabemos vivir sin un Smart Phone en el bolsillo, cuando casi no hace falta ni bajar a la calle a por el pan porque te lo traen a domicilio y podemos ver los estrenos de la semana desde el sofá de nuestra casa, una película de 1927, muda y en blanco y negro, sea tan o más actual que Alvin y las ardillas 3 o la reposición de Titanic en 3D.

Damas y caballeros, no me cierren la página todavía y dénme una oportunidad de explicarme:

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Esto es una cara de poker

Metrópolis, película de ciencia ficción dirigida por Fritz Lang en el año 1927, muda y en blanco y negro, es el fiel reflejo de la sociedad de principios del siglo XX, de la Edad Media y de 2012. Porque la cosa no ha cambiado mucho, y enseguida entenderéis por qué, y veréis que de ciencia ficción nada.

En este mundo futurista, en la ciudad de Metropolis (no se esmeraron mucho buscándole un nombre original, lo reconozco) la sociedad se divide en dos clases: los pensadores, propietarios y, al fin y al cabo, ricachones que viven en la superficie, y los proletarios, trabajadores y pobres que viven bajo el subsuelo. No, no he dicho nada de que vivan en el metro, por favor, usted, el de la última fila, siéntese y atienda.

Pues bien, los pobres desgraciados que viven en el guetto industrial inferior trabajan en jornadas incansables en empleos repetitivos y sin futuro por el bienestar de los de arriba, y además se les prohíbe bajo ningún concepto subir a la superficie ni tan siquiera para apreciar el fruto de su trabajo en el mundo reservado a los pensadores. ¿Os va sonando todo un poco más?

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Aldeanos impasibles ante la que les viene encima.

La película no acaba ahí, claro: hay revueltas, suplantaciones de identidad y enfrentamientos entre las dos clases hasta llegar a un clímax apoteósico donde todos se hacen tan amigos y se prometen llegar a un acuerdo de mejora en las condiciones laborales. ¿Que le he contado el final? No, ni por asomo. Mírese la película y luego escriba su opinión al respecto en la pestaña “comentarios”. No, señorita, no se vaya, que luego hay canapés…

 Y eso, estimados asistentes a la conferencia, es lo que ha pasado siempre. Desde el Imperio Romano (con sus nobles controlando a los esclavos), pasando por todas las épocas hasta llegar a la actualidad, donde los de arriba controlan a los de abajo a menudo sin que nos demos cuenta.

Reflexionemos sobre las opciones que tenemos, que siempre las hay, y actuemos acorde a nuestros pensamientos, y no al revés. De verdad, que vale la pena.

Y ahora, a por la barra libre.

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