De indignación y revolución

Hoy la sociedad española en particular y la mundial en general está de aniversario: se cumple un año del movimiento 15M, o “esos cuatro perroflautas que mancillaron la Puerta del Sol con sus tiendas Quechua” según algunas fuentes conservadoras.

Estos días el movimiento está en boca de todos: periódicos, telenoticias, debates en la radio, carteles en los marcos de los bares y comercios y en un año han hecho mucho más que suspender unos pocos deshaucios y manifestarse y acampar en plazas y calles del país.

No voy a entrar en la guerra fácil de defender o atacar si el procedimiento ha sido el más idóneo, o si la organización interna en las llamadas “asambleas” celebradas a pie de calle es la más correcta a la hora de planificar las actuaciones, pero una cosa está clara: están cambiando los ideales del pueblo.

Ya sea como icono gráfico o como espejo en el que reflejarse, algunos indignados, siguiendo la estela de Anonymous (esa organización internacional de hackers que la lían parda cada vez que consiguen la contraseña del Messenger de alguien), portan caretas de Guy Fawkes, o lo que es lo mismo, del héroe del cómic de Alan Moore V de Vendetta. Y no les falta razón: como V, su objetivo principal no es derrocar el gobierno opresor actual (sabiendo que luego vendrá otro igual o peor) ni volar el edificio del Parlamento (con lo bonito que es) sino abrir los ojos al pueblo, expandir sus mentes y gritar que existe una solución alternativa (y sin usar dinamita. O muy poca. ¿Ni un poquitito de nada? ¿No? Vaya…) para cambiar todo esto. Y eso es lo que de verdad asusta. Y ahí es donde radica nuestro poder como ciudadanos.

Algunos se preguntan cuándo va a capear el temporal, cuándo volveremos a estar como antes. ¿Como antes de qué? Despierta, anda, y comprende que el mundo tal como lo conocías ya no existe. No hay vuelta atrás, el modelo antiguo es eso, antiguo. Ahora toca reinventarse. ¿Por qué luchar por mantener un sistema que nos ha llevado a la ruina si podemos refundarlo y reinventarlo?

Y eso es lo que nos está enseñando el Movimiento 15M.

Puedes estar más o menos de acuerdo en las formas, en el olor a perroflauta en el que estás pensando que hacía en Plaça Catalunya el año pasado, y por eso tuvieron que entrar a echarle un agüilla (y un par de palos también, ¿por qué no?) y todos esos prejuicios antisistema que hayas visto en las casas okupas. No señora. En las concentraciones hay jóvenes con rastas, curritos con traje y corbata y jubilados de post-guerra  hasta los cojones indignados (que se hacen llamar Yayoflautas). Puedes no congeniar con el modus operandi de estos asamblearios, y pensar que de otra forma tendrían más apoyo y parecerían más serios. Pero no puedes negar que ahora estás como “Ay, ¿y si tienen razón?”. Que te he picado la curiosidad, que lo sé yo, que te lo veo en los ojitos!!

Y no es que yo sea asambleario ni nada. Al contrario. Pero oye, un año gritando, al final se les va a oír. “Si no puedo culpar al Gobierno de la que está cayendo, no esperen que lo felicite cuando todo remonte”, dicen. Así que, señoras y señores, a arremangarse la camisa, a meter los brazos en el lodo y a remover la porquería que nos han dejado unos y otros, que, ahora en serio, esto sólo lo cambiamos entre todos.

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Una respuesta a De indignación y revolución

  1. sirvi dijo:

    “¿Por qué luchar por mantener un sistema que nos ha llevado a la ruina si podemos refundarlo y reinventarlo?”

    Ahí le has dado. Parece que cuesta comprender que la única solución a este problema es acabar con su causa. Que no volveremos a nuestras vidas anteriores cuando esta crisis termine porque esta crisis no es otra cosa que el intento de algunos por hacer, precisamente, que nuestras vidas no vuelvan a ser nunca como antes, que sean, a partir de ahora, suyas.

    Lo que da miedito es enfrentarse a un futuro totalmente incierto si nos cargamos el modelo de vida que estábamos acostumbrados a seguir. Y que nos daba seguridad. Aunque fuera una mierda (con perdón).

    Lo más duro para este movimiento, a parte de la resistencia de los de arriba, va a ser conseguir sacar a una inmensa mayoría de la gente de su zona de confort, de quitarles el miedo a lo desconocido (que tampoco sé si a la larga será mejor o peor) y hacerles ver que no tiene sentido seguir con lo malo conocido.

    Muy buen post.

    Saludos,

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